Como les dije mi nombre es Raúl y soy de una provincia del norte de Argentina
(que prefiero omitirla por razones de anonimato). Todo comienza cuando un día,
por la mañana, salí a hacer unos trámites en mi barrio. Caminé mucho, y cuando
ya estaba de vuelta para mi casa sentí que no podía más y decidí recurrir a un
taxi. Por esto decidí acercarme a una parada de taxis: en donde solo había dos
autos.
Por casualidad y rapidez elegí el primero. Me acerqué a preguntarle si me podría
llevar y él me contestó "si, no hay drama". Él era un hombre de unos 50 años
aproximadamente, pelo castaño (con algunas canas), tez bronceada y aparentaba
estar muy cansado por su jornada.