Manejando en la noche me comentó que tenia en la parroquia un vino que le habían
enviado de Italia...eso me sonó a invitación, la cual acepté sin
titubear...llegamos a la parroquia y en el despacho dispusimos de una mesa y del
mueble para acomodarnos y beber, allí conversamos tendido…así que entre charla y
charla me contó de un viejo amor que le rompió el corazón, una chica de su
pueblo a la que dejó al momento de ordenarse...
Sus ojos se llenaron de lagrimas y lo abracé, él también me correspondió
abrazándome fuerte...en ese momento sentí su cuerpo y no lo soltaría por nada
del mundo...ya sin remedio me acerqué a su rostro y nos miramos uno al otro por
unos segundos...él pronuncio mi nombre y no pude contenerme...lo besé sin parar,
sentí su saliva entrar en mi boca.