|
Le observé hasta la saciedad. Él hacía lo mismo. Nos sentamos de
nuevo, yo a su derecha, su pierna muy pegada a la mía, sintiendo en mí
aquellos "hierros" fríos, no sé si porque lo estaban o porque me hacían
sentirlos así.
Seguimos jugando, su pierna estirada, ya podía tocarla sin tela por
el medio, observarla y sentirme bien y a cada instante más y más
excitado. Nuestros besos eran largos y profundos. Nuestras manos
exploraban cada rincón de cada uno de nosotros dos.
Cuando toqué su entrepierna, noté un bulto más que adorable, como de
unos 15 cm., que frente al mí, sólo 12, parecía toda una "trompeta". Nos
acariciamos a la vez, su glande era "primoroso", el mío hay que forzarlo
para sacarlo ya que no estoy "circuncidado".
Llegados a este instante decidimos pasar a su alcoba. Era amplia,
cama de matrimonio, con muchos cojines. Sentados al borde de la cama le
pedí que me permitiera recibir la primera lección para aprender cómo
quitarle su aparato. Accedió.
Comencé por su bota. Sacar aquellos cordones y dejar su pié libre era
la primera parte. Luego ir abriendo cada una de aquellas correas que
sujetaban y que ahora vi estaban muy apretadas. Una a una las fui
abriendo, hasta que el aparato dejó libre su pierna. Era una pierna muy
delgada, se veía como "rara" si la comparaba a la otra. Su pié muy
pequeñito, así como sus dedos.
Me puse por detrás de Alfredo y vi sus nalgas. Una normal, la otra
muy delgadita casi los huesos. La zona de su ingle izquierda estaba
amoratada, según él, debido al apoyo del aparato, pero estaba
acostumbrado, que no notaba molestia alguna al caminar y apoyarse.
Por delante, su testículo izquierdo era muy pequeñito, casi como el
de un niño, pero por el contrario el derecho era más grande, aún que los
míos.
Le atraje hacia mí y le besé de nuevo, intentando que aquella pierna
"mala", que para mí se estaba convirtiendo en la mejor, rozara mi "slip"
a la altura de mi pene. Él lo notó e intentó brincar para acercarse mas
y más.
Nos tumbamos sobre la cama, se acomodó bien, y comenzamos de nuevo a
besarnos. Me quitó el slip y masajeó mis testículos, mientras su ávida
boca besó, en principio, y luego chupó mis pezones. Le quité su slip, lo
acerqué a mi nariz y los olí. Era un olor exquisito.
Sus pezones estaban muy afilados, tanto como los míos, acerqué mi
boca y chupé, notando en mi mano, que su pene crecía mucho más.
Se colocó de espaldas en la cama, yo a horcajadas sobre él,
ofreciéndole mi pene a su boca y yo tomando el suyo en la mía. Mientras
nuestros dedos escarbaban el orificio de cada uno, sintiendo los anillos
del esfínter contraerse y dilatarse a cada rato, produciéndonos una
sensación difícil de describir Nos chupábamos con frenesí, tanto que al
poco rato ambos teníamos las bocas llenas del otro. Su leche era espesa
y caliente a más no poder. Con ella en la boca y la suya llena de la
mía, nos dimos un beso mezclándolas y tragándolas para nuestro deleite.
Abrazados el uno al otro estuvimos un buen rato, acariciándonos,
besándonos, lamiéndonos.
Una vez descansados y repuestos, Alfredo cogió con ambas manos su
pierna izquierda y la puso en mi entrepierna, se subió como pudo encima
de mí y comenzó, apoyado en sus manos, a frotarla contra mis huevos y
pene, sentir aquella pierna diferente me hacía crecer mi polla, de
notarlo la de él también creció de nuevo.
Como pude me di vuelta. Le ofrecí mi culito. Él se agachó y comenzó a
morderme mis nalgas, acercándose poco a poco hasta mi hendidura, con
fuerza las separó, introdujo cuanto pudo su lengua en mi y comenzó a
menear su lengua en todo los sentidos. Poco a poco me dilaté.
Sacó su lengua e introdujo dos de sus dedos, al principio de molestó
pero poco a poco cedió y así hasta que metió un tercero. Al poco tiempo
noté su glande apoyado en la entrada, estaba duro, firme y caliente, lo
introdujo poco a poco.
La sensación que sentía yo, era muy complicada de describir, era como
estar en la "gloria". Cuando estaba toda dentro, esperó un ratito hasta
que me acostumbrara, mientras lo hacía acariciaba mis huevos con sus
sedosas manos. Comenzó a bombear y sentía como su testículo golpeaba
contra mí. Le pedí que no me tocara los míos pues me correría. Él se
afanó una y otra vez, cada vez embistiendo con más bríos. Tiraba de mí
hacia él, con firmeza, pero a la vez con delicadeza. De repente sentí
que se contraía todo, estaba a punto de soltar dentro de mí toda su
carga. Fue una corrida larga, grande, caliente y muy deseada, tanto por
mí como por él. Noté como sus chorros potentes se proyectaban en mi
interior, casi me corro yo también.
Sacó su polla de dentro de mí. Se agachó y con su boca y lengua
limpió cada gota de leche que por mis nalgas y muslos escurrían, para
luego traerlas hasta mi boca y allí entre los dos repartírnoslas.
Me volvió, apoyándome boca arriba en la cama y comenzó a chuparme la
polla, lo hacía suavemente, recorriendo cada centímetro de ella con
parsimonia y con dulzura, estaba muy dura. Se acostó sobre su espalda,
le coloqué un cojín bajo sus nalgas y tomé su pierna izquierda
apoyándola en mi hombro mientras él ponía la derecha me ofreció su
"ojete". Me escupí en mis dedos y metí dos, el tercero podía también
caber, pero no lo hice, los quité al rato y coloqué mi polla en la
puerta de su "cueva". Poco a poco se la comencé a introducir. Él me
pellizcaba mis pezones y me pedía más y más. Su polla ya estaba de nuevo
tiesa y dura. Me alojé en su interior y poco a poco "bombeé". A cada
embestida me pedía más y más. Yo trataba de complacerlo. Así hasta que
noté que se estaba corriendo y yo aún estaba bombeando. La visión de su
polla escupiendo alguna leche, hizo que me corriera. Me estremecí, lancé
todo mi "capital" dentro de él.
Cuando la saqué, le volteé en la cama, dejando su culo libre para que
mi boca y lengua cumplieran con el rito de "asearlo", al igual que él
había hecho conmigo.
De nuevo nos fundimos en un beso.
Ya agotados nos quedamos dormidos, muy abrazados y además con su
pierna, la que tanto me atrae, entre mis muslos.
Fue un sueño angelical.
A partir de esa noche muchas otras hemos dormido juntos, solos o
acompañados. Nos hemos hecho más que amigos . . . somos confidentes,
cómplices |