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Preferí regresar a mi cabaña a leer un rato... cuando me retiraba pude apreciar como los universitarios se apoderaban del kiosco y con grabadora en mano pusieron música de Nirvana... caray, que a tiempo partí del lugar... no porque no me guste Nirvana... creo que en plan musical todo género tiene un estado de ánimo y tiempo determinado... en aquel momento hubiera preferido un jazz suave, ideal para apreciar la exuberante vegetación del lugar, relajarte un poco y olvidar el stress de la Ciudad de México, al grunge de Nirvana que en esa ocasión me ponía los pelos de punta... claro está que en el estado etílico que tenían los muchachos, tal vez yo hubiera puesto hasta Led Zeppelín...

Llegué a mi cabaña, me quité los tenis y me recosté entre los almohadones de la cama para leer un rato... comenzó a llover... abrí una de las ventanas para admirar lo bello que es ver llover... el olor a pasto húmedo... el cielo se oscurecía, la lluvia arreciaba... ahí estaba yo en mi cabaña, rodeado de vegetación y a más de 500 metros del kiosco común... aislado en medio de la selva veracruzana... truenos y rayos indicaban que la lluvia se incrementaría... la tenue luz de mi lámpara de buró iluminaba la cabaña... en el techo se oían las fuertes gotas de lluvia chocar con las tejas... había comenzado a llover fuertemente cuando oí claramente como alguien se acercaba a mi habitación... presentí quien podía ser ese alguien... con un amplio paraguas que el viento movía se acercaba David...