Me encontraba entregado a todo, mientras mamaba giró su cuerpo para iniciar un
69 que fue guiando como todo un maestro, estuvimos así por un largo rato, hasta
que empezó a escarbar con sus dedos y lengua mi culo, sentía que iba llegar al
cielo, muy cuidadosamente me ubicó para penetrarme el culo, sin antes
preguntarme si lo deseaba.
No tengo idea que cara tenía en ese momento que me dio un beso al cual
correspondí que me dio toda la seguridad del mundo, yo de espaldas abrí mis
piernas y le ofrecí mi culo en toda su gloria, él suavemente comenzó a
penetrarme, preguntándome a cada momento si estaba bien, hasta que lo hizo por
completo, el placer recorría todo mi cuerpo y el dolor no era nada comparado con
la alegría que me hacia sentir.
Comenzó su mete y saca suavemente, hasta que le pedí que lo hiciera mas rápido y
fuerte, así estuvo un rato hasta que me dijo que acabaría y le pedí que lo
hiciera dentro de mi, sentí su liquido caliente llenar mi culo junto a esos
espasmos que me daban más y mas placer hasta que sin tocarme me vine sobre mi
vientre, mientras el me daba un beso que parecía interminable y glorioso.
Esa noche decidimos ya que era temprano y yo no había probado su culito ni su
leche, irnos al campo a una casa de la familia a continuar lo que habíamos
empezado, avisamos respectivamente a nuestras casas, inventando excusas y nos
fuimos.
Durante el camino nos fuimos conversando de cómo lo habíamos pasado y que otras
cosas haríamos, yo me excitaba cada vez más.
Mientras conducía por una carretera rural, él comenzó a tocar mi verga por
encima del pantalón, la cual reacciono igual de rápido, él bajó nuevamente la
cremallera, y se llevo mi verga a la boca, era tal mi calentura que no me podía
concentrar en el volante y menos en la carretera, estacioné el auto a un
costado, él la mamaba como si fuera el caramelo más dulce, hasta que me hizo
terminar en su boca, después me besó apasionadamente, dándome mi propia leche,
que junto a la pasión de sus besos, tenían el mejor sabor.