Las horas de trabajo ese día se me hicieron eternas, cuando por fin me iba, en
la estación estaba Luciano esperándome. Llegó el tren y nos sentamos juntos y
empezamos a platicar. Pregunté sobre sus estudios, sus ex compañeros, y por fin,
sobre sus novias. Me comentó que hacía unos días que estaba distanciado de su
chica, porque había descubierto que ella le había sido infiel. Yo pensaba cómo
alguien podía traicionar a semejante bombón. Llegamos por fin a la estación
donde debíamos bajarnos y le ofrecí venir a cenar a mi casa. Aceptó encantado.
Llegamos a mi casa y mientras yo preparaba la cena él miraba televisión sentado
en la cocina. La cena fue tranquila, hablamos mucho de todo, hasta que en el
café, le comenté que había comenzado a escribir un libro sobre mi vida,
basándome principalmente en todas las experiencias sexuales que había tenido. Él
se sonrió y me dijo que no sabía que yo tenía una vida sexual tan activa, a lo
que yo me reí y le dije que estaba equivocado, ya que por lo general mi vida
sexual fue como pasivo. Él se quedó mudo, congelado. Entonces le confesé que era
gay, y que realmente tuve muy buenas experiencias. Luciano se aflojó un poco y
me empezó a preguntar cosas sobre mi vida, ya estábamos en confianza.
Le confesé que escribo relatos eróticos para publicar en Internet, y se rió
muchísimo, entonces le ofrecí pasar a mi habitación, donde estaba la PC, para
que leyera alguno si así lo deseaba. Aceptó de buen grado.