Que par de lesos. ¡Cómo trataban de comportarse como un par de machos
supuestamente heterosexuales, cuando su naturaleza les hacía atraerse como los
polos de un imán!Hasta que a Buenos Aires llegó el otoño. Y con él, el crepitar
amarillo de las hojas invadía las calles, y el viento húmedo traía consigo el
olor de las pampas a la ciudad. Ese viernes decidieron no viajar a Santiago, y
compartir una cata en escalera de Malbec Premium con una buena tabla de quesos.
En la ventana explotaba la fuerza de la naturaleza, pues se había desatado una
tormenta eléctrica de aquellas que no se olvidan. Caía agua por todos lados, el
cielo se volcaba electrizando el aire, como preparando la atmósfera con iones
que presagiaban lo que habría de ocurrir.
Dentro del departamento, José Ignacio y Diego estaban más varoniles que nunca.
Vestidos de la forma más simple, realzando la naturalidad de su hombría, se
reían y se miraban al son de Tango Chillout. Y empezó el descorche: Pascual
Toso, Altos Las Hormigas, Clos de los Siete. Cada vez el vino se superaba a si
mismo, y el calor invadía los cuerpos. Entre risas y copas, se fueron despojando
de sus chalecos, zapatos y calcetines, y conversaban tirados en la alfombra
riendo copa en mano.
Y parafraseando al tango, esa noche el alcohol los había embriagado. No les
importaba que se rían, ni los llamen los mareados.