Realmente me encontraba en un estado de delirio absoluto: mientras me la metían
y metían por atrás, adelante y en mi boca tenía otra pija tanto o más rica que
la que ya había probado. Sin dudas fue una noche de suerte, ya que no es normal
encontrar dos pijas tan buenas en una sola noche y tenerlas ambas para mí. O al
menos no es lo que acostumbraba pasarme.
Así estuvimos hasta que el flaco que me cogía acabó y se desplomó exhausto en el
piso. Al que le la seguía chupando, al ver que el primero había acabado, me giró
sin siquiera preguntar nada, se colocó un preservativo y me la puso hasta el
fondo. Yo a estas alturas ya estaba completamente dilatado y no podía con mi
ser. El flaco bombeó un rato y al toque me acabó todo.
Y después de todo esto, las gracias: mi turno: el tipo se agachó y me pegó una
mamada increíble que le acabé en el pecho… (mentira, me hice una paja. No
aguataba más, me toqué dos segundos y me fui en una eyaculación espectacular).
Me despedí de ambos y, por supuesto, no sólo no los volví a ver, sino que no los
reconocería si me los cruzara por la calle