PAREJAS GAYS
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A pesar de mis reticencias me empujó hasta uno de los váteres. Sin dejar de acariciarme se inclinó poniendo su rostro frente a mi bragueta. Comenzó a besarme, a través de los pantalones. Yo balbuceaba sin demasiada convicción que me dejara en paz. Desabrochó mis pantalones y frotó su rostro contra mis calzoncillos. Inexplicablemente yo me dejé hacer. Dejó mi miembro flácido al descubierto y comenzó a lamerlo. Besaba mis testículos sin dejar de acariciarme hacerme crecer. Estaba confuso pero fue en ese momento cuando tuve la certeza de que no quería parar. Le sujeté la cabeza y comencé a moverme dentro de su boca. Se detuvo. Extrajo otra papelina de su bolsillo, manchó de blanco la punta de su lengua y comenzó a lamerme nuevamente. Sentí mi polla deseando reventar, ardiendo. Mis embestidas se hicieron más violentas, incontenibles. Intentó penetrarme con un dedo ¡qué haces! pensé. No dije nada. Seguí moviéndome cada vez más alocadamente hasta que exploté en su boca. Tenía la boca y la barbilla llena de semen, me había exprimido completamente pero yo no podía parar a pesar de que el placer comenzaba a convertirse en dolor. Retiró su boca lentamente dejando caer mi miembro flácido. Se levantó y me besó. Nunca antes había probado el sabor de mi propio semen. Ahora te toca a ti, susurró. ¿Qué dices?, respondí. Llevó mi mano hasta su entrepierna y noté un enorme bulto duro. No pensarás que esto se va a quedar así verdad?. Pero qué dices? dije indignado. Yo me largo. Pero no parecía entender mis palabras, no dejaba de sonreír.
Desabrochó sus pantalones y cayeron al suelo. Sus calzoncillos estaban a punto de saltar por los aires. Aquella visión me perturbó. Me abalancé sobre ellos y comencé a besarle. Mi lengua luchaba por atravesar aquel pedazo de tela. Aquello no tenía nada que ver con lo que me había parecido intuir en los servicios del restaurante. Su miembro doblaba en tamaño al mío. Estaba erguido, mirándome a los ojos, apuntándome como un cohete. Estaba depilado.