PAREJAS GAYS
Ellos disfrutan con el sexo. Ahora tu también puedes disfrutar con ellos, de manera que sólo tu puedes verlos...


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La imagen de Valeria desnuda y ultrajada y la imagen de esa verga enorme habían producido en mí un estado de ánimo confuso: terror y excitación. El hombre ordenó que se llevaran a Mónica. Al parecer había elegido a Valeria y según supe después entregó a Mónica al pretoriano. Entonces llegó mi turno.

Allí estaba yo, vestido con unas telas de seda y una especie de braguita que apenas podía contener mi erección. De rodillas ante cinco beduinos, tres huríes (o como coño las llamen) y Valeria. El pretoriano se puso de pie ante mí, y con un gesto me arrancó la ropa dejándome desnudo ante mis captores. Con su espada me obligó a darme la vuelta y a ponerme a cuatro patas, para que su líder pudiera ver mi culo. Debo decir a estas alturas que yo medía 1,74 m y pesaba 68 kilos. Tengo el pelo corto, castaño oscuro y los ojos verdes, y tengo muy poco pelo en el cuerpo. Encima mi culo era suave y ligeramente respingón, así que en esos momentos no hubiera apostado un céntimo por la integridad de mi culo. El pretoriano apretó mis nalgas con sus manos. Habló con su líder al parecer de mis cualidades. Yo después de ver lo que le hicieron a mis amigos y a Valeria me mostré todo lo sumiso que pude.

Me obligaron a ponerme de nuevo de rodillas. Entonces el pretoriano tomó mi polla con sus manos rugosas y la pajeó rudamente, logrando ahora sí una gran erección. Todos los beduinos rieron ruidosamente. Yo pensé que igual el jefe quería que yo le diera a él, iluso de mí.

Entonces el pretoriano se sacó su polla. No era tan grande como la de su jefe, pero desde luego era muy respetable y por supuesto mayor que la mía. Sacó también su cuchillo y se señaló la polla, luego me señaló, hizo un gesto claro de lo que me haría con su daga si no me portaba bien y después de este breve ritual me

 

 

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