Mis manos no dejaban de acariciar su espalda y apretar con fuerza sus nalgas duras por esas horas de gimnasio. Joan estaba descontrolado, sus espasmos le hacían temblar de placer y su respiración acelerada demostraba el final de la gran mamada. Mi mirada intentaba localizar la presencia de alguien que me diese alguna señal, pero fueron pasando los días y nada de nada. Hola, me llamo Jaume, y tuYo me llamo Joan. Le susurre a Joan me parece que voy a explotar como continúes succionándome de esta manera, será mejor que te retires o te voy ahogar. Mi falta de experiencia con hombres me hacia muy vulnerable y salí de la habitación con miedo. |