Cuando Don José me fue presentando a cada uno de los compañeros todos me acariciaban con una mirada cargada de deseo, me sentía acariciada y desnudada por ellos. No pude evitar sonreír mientras pasaba a mi puesto y las conversaciones se iban reanudando tras mi paso (expresiones susurradas más que conversaciones). La mayoría eran comerciales, de verbo fácil y simpáticos, por lo que rápidamente querían llevarme a tomar un café y… hacerme el amor en el ascensor! Pero bueno, el primer día no podía aceptar, tenía demasiadas cosas por aprender todavía, debía situarme y… pero no paraban de rondar por mi puesto de trabajo (pese a que estaba en una de las puntas de la oficina) y ofrecerse a ayudarme mientras perdían su mirada en mi escote (y eso que no era nada espectacular!). En eso me percaté del silencio en toda la oficina, no me había dado cuenta hasta entonces. Estaba familiarizado con el proceso de regularización de extranjeros porque un chico que trabajaba era brasileño (Joao), lo cual fue una suerte para mi, porque al llegara este punto era cuando todas las empresas cortaban al entrevista ;(. Eso me excitó, su olor y proximidad no me resultaban desagradables (a su cincuentena se conservaba bien, pese a la barriguilla incipiente ;). |