Me miró y me preguntó:¿Así sales a la calle, sin sujetador y con las bragas casi en las rodillas? –Me di cuenta de que había cometido un error, pero reaccioné con rapidez…No, el sujetador me lo he quitado cuando bañé a la niña aunque tú sabes que salgo a veces sin él, en cuanto a las bragas no me las habré puesto bien al hacer pis, pero si a ti te gusta que salga así, desde mañana lo haré. Ya tapados por las sábanas, me pasó el brazo por debajo del cuello y me atrajo hacia su pecho. Eran las siete y decidí vestirme y dar un paseo con la niña, pensé en Víctor cuando elegía mi ropa interior y me decidí por una pequeña braguita blanca que lo transparentaba todo, un vestido de punto con amplio vuelo completaban toda mi indumentaria, me contemplé en el espejo y me gusté, no tenía intención de volver a la zapatería, pero… ¿y si cambiaba de opinión?. Solo una cosa tenía clara, Q sería el maestro de ceremonias, el impondría las normas y mi marido y yo las acataríamos… acataríamos…esta palabra me daba escalofríos, implicaba sumisión, abandono, obediencia y esto me ponía caliente… muy caliente. Mi hermana llevó la conversación hacia el sexo, yo sabía que estaba mosqueada con mi actitud y quería saber lo que pasaba, pero yo creía que aún no había llegado el momento de decirle nada. Tienes el coño pegajoso, ¿no habrás…?. |