Miré hacia arriba y vi sus pechos por encima de las copas del corsé. Las fui besando y subiendo por sus muslos, sintiendo la textura de las medias sobre sus muslos temblorosos. Mientras hablaba mi mano iba bajando hacia su culo, la falda era suave y con algo de vuelo. El tanga era algo transparente y desde mi posición pude apreciar que lo tenía muy bien recortadito y hasta diría que muy mojado. ¡Ahhh, siiiii! Esto es lo único que quieres, que te follen y sentirte lo zorra que eres, ¿no? ¡Siiii, métemela! No te mereces ni que te folle, has echado a tu marido para que un desconocido te folle. Ella permanecía en silencio salvo algunos gemidos. |