tiene que ser pecado tanto goce. Un sólo roce basta, no voy a negar que el roce casi siempre es deliberado, me cuesta esperar, me cuesta no propiciar, me da vueltas la cabeza, se apodera de mi la lujuria, se produce la chispa, sus ojos lo dicen todo y su cara es de tortuoso placer, ahí me tiene…. Siento sus manos ansiosas por todas partes, buscando un resquicio de piel para hacerme arder aún más, siento su lengua, el sabor de su saliva, el contacto de sus dientes, me muerde los labios ¿o yo a él? Mis manos se deslizan por su cuerpo, urgidas de abarcarlo todo, de darle placer y de dármelo yo, porque acariciarlo, sentirlo tan mío es eléctrico. tiene que ser pecado tanto goce. Se sitúa entre mis piernas, veo en su cara el sufrimiento de necesitarme tanto como yo a él, y con una mirada cómplice, mirada del que sabe que el placer se acerca, por fin, por fiiin, entra en mí. Su piel es como un imán, no puedo dejar de tocarlo, recorro con mi lengua su palpitante yugular, exhalo mi aliento sobre él y lo siento estremecerse, hace un intento por tomar el control, pero hoy no, hoy soy su dueña. |