Mi húmeda vagina, con un pequeñísimo trocito de tela pegado (que ahora debía verse transparente por la humedad) debía estar exhibiéndose como un diablillo entre mis piernas a toda la oficina. Finalmente, hablando de cómo nos organizaríamos y… decidí ser traviesa y descruzar las piernas. Mi húmeda vagina, con un pequeñísimo trocito de tela pegado (que ahora debía verse transparente por la humedad) debía estar exhibiéndose como un diablillo entre mis piernas a toda la oficina. Noté cómo mis flujos aumentaban con el roce, las piernas bien altas gracias a los tacones, creí notar alguna gotita de flujo recorriendo la parte interior de mis muslos, noté el aire contenido de la oficina, las respiraciones agitadas… te parece? Le dije a Juan. El se quedó mirando mis labios de un rojo ardiente mientras yo concentraba mi mirada en sus ojos. Discretamente, sentada en mi mesa, me sequé (pese a que el tanga seguía empapado y con olor a sexo) y proseguí con mi táctica. |