Me acerqué a ella, y sin decir nada pegué mis labios a los suyos, aspiré la fragancia que había soñado, pero ahora era distinto, era real, era para mí, para nosotros ese momento, al abrir los ojos miré sus párpados, después también abrió los ojos y lagrimas comenzaron a aparecer de nosotros, lágrimas resbalando y confundiéndose al final del camino, y el beso prolongado se volvió un instante. Un nuevo silencio se apoderó de la escena, ella comía lentamente sus panecillos y de vez en vez daba un sorbo a su leche, mientras yo la observaba pensando en esas extrañas palabras que Alicia me había dicho. Intenté buscarte, fui a tu casa muchas veces, siempre estaba vacía cada vez me sentía peor * ¿fuiste a mi casa? * Lo hago siempre, cada vez que me asusto, cuando mi mamá me regaña, cuando mi papá no está, cuando mi hermano me dice cosas feas, cuando quiero estar junto a ti… cuando me siento triste voy a tu casa, y he aprendido a entrar en ella, me acuesto en tu cama, me duermo, leo tus libros, veo tus fotos… y entonces me siento muy contenta * Alicia… ¿Cómo…. La misma que ha provocado tanta muerte. Sus ojos preguntaron qué hacía al tiempo que mis labios se acercaban a su cuello, aspiré su fragancia a frutas, mis manos se quitaban el nerviosismo bajo la tela azul y cada vez eran más descaradas y juguetonas. Esa piel que contrastaba con la mía, oscura, fría. |