Menudo interrogatorio. Lo que sí hizo fue comprimirse, tomando una forma que me recordó cuando era pequeño y apretaba un globo con las dos manos…sólo le faltó hacer ¡Plaf!¿Y el escándalo que armó después? No creo que llegara a correrse con la faena, eso ya lo había hecho con los azotes. Además, después de la primera impresión, tampoco hizo falta: Cristina había entrado en trance y se ocupaba ella sola de empitonarse. Con tanto meneo, aún después de haberme quitado la camiseta y los pantalones sin velcro, empecé a sudar como un cerdo. La tía me estaba comiendo con los ojos las pupilas levemente dilatadas, un ligero rubor casi inapreciable bajo el maquillaje, un tic en el párpado izquierdo cada vez que intuía un roce de mi pierna, algún mordisquito al labio inferior y la presión que ejercían sus muslos sobre la rodilla que ya había logrado introducir por la raja delantera de su falda, eran todas señales inequívocas de que estaba a punto de caramelo. Justo en el momento en el que yo ya no podía más, lo soltaba, dejando mi miembro oscilar y pidiendo como loco ser atrapado por esos labios expertos… Pero no, atacaba mi otro huevo. |