Había dejado de asistir a la iglesia, después de aquella tarde de enseñanza preferí no acudir más, pasó una semana y supe que el pequeño Jaime también había hecho lo propio, los dos nos liberamos de nuestro infierno, y todo caminaba bien, y pasó otra semana volando, entre mis labores escolares y el mantenimiento de mi casa, la ausencia de mi padre me permitía libertades que otros envidiarían, pero también responsabilidades, un joven de 15 años haciéndose cargo de si mismo, con la preparatoria encima, exámenes y toda esa bisutería social que los hombre se inventan para estar ocupados (y ahora más que nunca, quería estar ocupado para no pensar y sentirme igual de monstruo que ese maldito), y entonces me encontré con Rodrigo, que me abrazó efusivamente y me invitó a otra noche de juerga juvenil, y al no tener que hacer (o un pretexto que decir), acepté. Una palabra divertida y tan… interesante. Lentamente, quedé a la altura de su cara. ? no sabía las respuestas a tantas preguntas, me sentía tan solo y tan confundido, en la actualidad no estoy confundido. ¿Por qué vuelves? Ya entiendo, supiste del destino que me espera y quieres saber mi historia, lo que pueda contarte, lo que puedas escribir. Había dejado de asistir a la iglesia, después de aquella tarde de enseñanza preferí no acudir más, pasó una semana y supe que el pequeño Jaime también había hecho lo propio, los dos nos liberamos de nuestro infierno, y todo caminaba bien, y pasó otra semana volando, entre mis labores escolares y el mantenimiento de mi casa, la ausencia de mi padre me permitía libertades que otros envidiarían, pero también responsabilidades, un joven de 15 años haciéndose cargo de si mismo, con la preparatoria encima, exámenes y toda esa bisutería social que los hombre se inventan para estar ocupados (y ahora más que nunca, quería estar ocupado para no pensar y sentirme igual de monstruo que ese maldito), y entonces me encontré con Rodrigo, que me abrazó efusivamente y me invitó a otra noche de juerga juvenil, y al no tener que hacer (o un pre |