Así que fui tomando el camino de vuelta. No sé cuanto duró, pero terminé dándole con todas mis fuerzas, agarrado al corsé, bombeándola y bombeándola con el único sonido de nuestros gemidos y mi pubis chocando contra su culo. Ella me aseguró que nunca había tenido sexo así, me dio miles de gracias y me comentó que no había dejado de correrse desde que se la metí, que habían sido uno detrás de otro, sin descanso como un orgasmo infinito. Alberto, he estado hasta hoy muy reprimida, he tenido desde siempre grande fantasías y hasta esta tarde no he sido capaz de reunir valor para intentar hacerlas realidad. Pues creo que es lo que deberías de haber hecho. Estaba aprisionado por un corsé negro tal y como ella me había comentado antes. |