Estaban usadas —el olor lo constataba—; una tenía la letra S bordada, mientras que la otra la letra M. Tenía ganas de vomitar el potaje que él mismo había cocinado al mediodía. Verá… hace tiempo que ardo en deseos de besarla. Fernando las miraba de reojo, y la escena lo ponía tan cachondo, que a veces recurrió al agua fría de la manguera para bajar el hinchazón. Así que cogió velozmente la toalla, se tapó la erección que sufría y salió corriendo del baño al tiempo que las dos zorrillas soltaban una risotada. Una mujer de cara ovalada, boca pequeña, barbilla muy pequeña y ojos aún más pequeños le abrió la puerta. |