Dímelo putita, me arremetía. Me quedé como ida, solo respirando agitada, y con la cabeza escondida entre las sábanas, como me vería ahí tirada en la cama, con la blusa y falda enrollada en mi cintura y mis pequeñas pataletas hechas a un lado de mis nalgas, toda embarrada de semen escurriendo por mis dos aguejros, los oí vestirse mientras murmuraban cosas como, que rico culito tienes, eres una rica putita mamita, una pitita caliente y arrecha. En algunos pasajes de mi vida usé una que otra pantaletita más pequeña, ya sea por que mi esposo se atrevía a comprármelas y yo lo complacía en usarlas o por que me animaba, pero nada mas hasta ahí. De pronto me dijo, te gusta como te cojo putita? yo solo gemía. No, no me vio nada, solo las piernas, dije cerrando los ojos. Cerraron el trato y el hombre se fue y mi marido se me abalanzó, y abriendome de piernas me empezó a frotar la entrepierna y notó la humedad que había en ellas, te excitaste chiquita, te gustó que te viera, verdad?. |