je je no hay nada como una buena comida de coño para tranquilizar a una mujer. Le metí la mano en las bragas y palpé sus pelillos buscando su raja, hasta que hundí mi dedo en ellos. Entonces cogí su mano y la acerqué a mi pito posándola encima. Le encantaba verme jugar a la videoconsola y se lo pasaba también muy bien probando ella. Me quedé dormido y al despertar miré el reloj sobresaltado, pensando que mi madre podía volver en cualquier momento, sólo había pasado media hora. Las dos veraneaban también solas, su marido se había divorciado por lo visto hacía años. |