Los pezones eran pequeños y rosados, y por sobre la piel se transparentaban delgadas líneas azules. Las piernas se veían fuertes y gruesas, las caderas le hacían juego, y las nalgas se partían en dos, ocultando por completo la delgada liga que las atravesaba. Lo cierto es que Carlos me llevaba al cuarto a la fuerza y nunca nadie me había tratado así. Aunque diez años mayor que su esposa, y algo más de doce mayor que nosotros, se mantenía en forma logrando un look juvenil. Le indiqué que no la penetrara de inmediato. El de mi esposo lo podía tragar completo, y llegado a la base era capaz de sacar un poco la lengua y masajear el miembro completo con el pene atragantado hasta el fondo. |