Una linterna se encendió y me apuntó. Si te subes al camión te llegaremos hasta el perímetro de la Zona pero sino quieres puedes caminar por donde desees tu sola. Era una maldita mina terrestre que al llegar a la altura de mi cara solo se detuvo y cayó al piso sin hacer más. Trate de resistirme pero me dio varios golpes en la cara que me dejaron casi inconsciente. Sus ojos eran negros y su pelo era castaño, apenas le cubría la cabeza. Me volví a acomodar sobre la cama e introduje mi mano directamente por debajo de la ropa para frotarme los pezones con los dedos. |