Pero no, no crean que se levantó de la cama y se fue a darse una ducha, antes aún tenía que ponerme tareas. Los chupé con avaricia, con glotonería, con ardor, pero los ardores se ve que eran mutuos, porque a continuación mamá echó mano a sus braguitas y se las sacó mostrándome su esplendoroso chochito. La silicona hace milagros, estaban duras y prietas, su piel tersa y fina, su olor bronco y profundo, exudaba y liberaba olores que te embriagaban, pero cuando con mi lengua le atrapé sus pezones, ahí señores, ahí toqué el cielo. ¿Qué te ha dicho? Me preguntó mamá mientras nos dirigíamos a la habitación. Todo comenzó con una invitación a una boda de una sobrina de mi padre. Mis padres habían reservado habitación en el hotel donde se celebraba el convite, yo en cambio regresaría a Madrid cuando acabase la celebración. |