Mi lengua recorrió todo tu sexo recogiendo los fluidos derramados y luego me deslicé lentamente hacia arriba, tocando tu cuerpo, entreteniéndome en tus pechos, besando tu cuello y tus hombros, tus orejas y tus ojos, con la intención de distraerte de lo que venía, mientras acomodaba mi verga en la entrada de tu sexo. La palpitante cabeza subía y bajaba sin penetrar y, al notar que suspirabas otra vez, me detuve en tu entrada y, con la mayor delicadeza posible empiezo a penetrarte. Y entonces todo se convirtió en verdad y transitamos por el presente hacia el futuro, quedando esto en el pasado, siempre perfectible, porque, entonces, me desvestiste. Fue entonces cuando mis manos palparon la delicadeza de tu cintura y la curva de tus caderas. Tus labios sabrán a miel y a miedo, tu lengua a decisión y a fresas. Y entonces todo se convirtió en verdad y transitamos por el presente hacia el futuro, quedando esto en el pasado, siempre perfectible, porque, entonces, me desvestiste. |