Me puse de rodillas en el asiento, frente a frente con Natalia. Aquella chica era con toda probabilidad una menor (rondaría los 17 o 18 años), yo estaba casado y amaba a mi mujer, aquello no estaba bien, la Biblia lo prohíbe… A quien quiero engañar, no tardé ni un segundo en aceptar. Hábilmente, mis labios se apoderaron de los senos de Nuria, que seguía su danza con mis dedos enterrados en su interior. Ahora me toca a mí – me dijo con una expresión de golfa que tiraba de espaldas, mientras se sujetaba la falda mostrándome su palpitante coño. Deslicé mi mano izquierda por su espalda, acariciándola con ternura, hasta llegar finalmente a su destino: el tremendo trasero de Jamona. ¡Prefiero chupársela a este cabrón y salir de este lío!Oye, niña… Sin faltar – intervine. |