Ambos aceleraban el ritmo, los jadeos se volvían más intensos, hasta que Enrique llenó la matriz de Ingrid, la cual gritó como un estallido al llegar al clímax. El cura seguía el rito y dijo. Saint se acercó a la puerta, sus guardias al ver el rifle sacaron sus pistolas, pero Saint, usando sus ciberopticos conectados a sus armas, apuntó a los guardias y les agujereó la cabeza para después entrar. ¿quieres beberla? Preciosa – preguntaba Enrique a Ingrid. En cuanto Trinchera se fue, Ingrid miró a Enrique y le preguntó. En la boda, Ingrid estaba con los ojos cerrados, oía al cura, pero no podía ver a su prometido, sabia que el tenia muchas amantes, ella era solo una de sus mujeres de decoración. |