Vale, Eduardo quédate aquí mientras volvemos pues estoy esperando una llamada de tu abuela para que me diga algo importante. Vivíamos en un bloque de pisos de la capital, tenía once plantas y nosotros vivíamos en el noveno. Él la folló un poco más hasta que se desplomó en la cama agotada por el placer. Al fin lo encontré. Después de aquello intenté saber cuales eran más o menos sus horarios de entrada y salida para coincidir con ella en el portal y verla o bien verla desde el balcón. Cuando me desnudé y recordé los ruidos y las suposiciones que había creado mi mente, no pude por más que masturbarme para aplacar la excitación que me producía mis sospechas. |