Hasta que por fin los gritos, jadeos e insultos fueron convirtiéndose en simples susurros. Pero la causante en ese momento fueron mis hormonas, las cuales me estaban jugando una mala pasada. Os debo mentar que por aquel tiempo, estaba acabando mi carrera y no tenía ninguna asignatura pendiente, pues los que me conocen opinaban que soy un cerebrito, sin querer ofender (dicen que era una buena estudiante, de las que apenas necesitaban estudiar, por el mero echo de que con solo ponerme la noche anterior ya tenía suficiente). Llegué a casa a tan calorada, sudorosa y excitada, que sin llegar a cerrar la puerta con pestillo me metí en la ducha, con la esperanza que entrara mi padre a restregarme con su manopla. Ante todo me debo disculpar, pues no siempre puedo responder a todos los que me habéis mandado vuestro email, pero os aseguro que los leo con el mayor de las satisfacciones y os contestare, en la manera de lo posible. Me gusta salir, hacer locuras, aunque me sea difícil de reconocer que me gusta beber demasiado (joder, no soy alcohólica… pero debería controlarme). |