Dímelo putita, me arremetía. Callamos ya que en ese momento regresó el vendedor a lo que ya no comentamos nada, me quedé como estaba y un calorcito me invadió, me sentí tentada a hacer lo que mi marido me había dicho, el vendedor seguía con su mirada mis piernas, mi marido se hacía el desentendido aparentemente al hacer que leía el contrato. No, no me vio nada, solo las piernas, dije cerrando los ojos. Sentía los movimientos de el, que se vestía, arreglaba sus cosas, observé que se dirigió a la recámara a tomar sus demás cosas y así sin hablar salió, yo me quedé ahí repasando en mi turbada mente los que había pasado, me sentía mal, remordimiento era lo que sentía, tardé en recuperarme y despacio me fui a asearme y cambiarme, ya bañada y cambiada de ropa, observé la pequeña prenda que se había quedado conmigo, mi mente de nuevo recordó lo que había hecho pero ahora esos sentimientos eran acompañados de cierta excitación por lo sucedido, había dado un paso muy atrevido a mi vida, y solo que esto fue un principio a lo que vendría después. Yo le dije que no que de que, y el me dijo no te hagas, estaba ineteresado en mirar tus piernas, se puso nervioso al ver que te sentabas. Lo que. |