jugutes. Lo que sí os afirmo, que me lleve semanas recordando gustosamente aquellos momentos, pasando por mi cabeza aquel hombre y que hubiera pasado sí yo no hubiera huido, llegando e intruso a trajinar como sería mi próxima visita. Tras observar bien dichos botones, seguí dichas instrucciones alzando el brazo de manera que mi mano llegara a la ranura donde debía de insertar las monedas, donde mi evidente nerviosismo era visible pues o mi pulso era malísimo (ya sea por los nervios que me temblaba la mano), o acaso tenía el parkinson. Su voz era como las de los documentales, como sí pusieran su papel y no mostraban duda alguna, era seca y sosegada. Como salí temprano de está, mi intención no era regresar a casa tan temprano más por no encontrarme a mi padre, por lo que tras haber entrado en algunas tiendas pase por el pasaje llamando mi atención aquel letrero el cual hacia referencia a dicho establecimiento. Os debo admitir que salí de la cabina, no solo con mucho cuidado sino con cautela, pues temía que alguna puerta se abriera y me descubrieran (joder, que hubieran pensado o aún peor que me hubieran echo, creo que me quedé con la duda). |