Entonces empecé a ponerme minifalda para las entrevistas y la cosa cambió. Había despachado lo más urgente cuando llegó Don José hacia las nueve y media. Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). Buscaba algo en una oficina y me harté de enviar curriculums a los que nadie me respondía. Me giré y le sonreí, entonces le dije que quería empezar a poner orden y usar la agenda electrónica y los emails para coordinarnos un poco. La situación me había acelerado. |