Pero hoy tenía muchas pajas atrasadas y me corrí como nunca después de las excitantes vivencias del día. Mis vecinas eran muy simpáticas y hospitalarias conmigo así que yo les correspondía con chistes y locas ocurrencias de la edad. Ella no pareció disgustarse y se bajó las braguitas deslizándolas por sus muslos hasta las rodillas y se sentó para hacer piss. Ya no podía más, en un descuido mi pene parecía una fuente, soltando chorros de leche por aquí y por allá, ella se manchó las manos y yo intenté no manchar el sofá, sin mucho éxito la verdad. El caso es que con el toqueteo que me hacía con su mano me puse super cachondo y me emocioné pensando en cumplir mi sueño de aquel entonces de echar un polvo. Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. |