ya lo sabia. No me di cuenta, pero me había quedado dormida. Ya estaba sintiendo la necesidad de tener un paquetote en mis entrañas de nuevo. Le quitaron el manto a mi jaula, y allí estaba yo, desnuda y bañada en sudor por el calor que hacia, sin contar los otros fluidos corporales que me echaron en el hotel. Solo tenia el velo y un diminuto chaleco blanco, completándolo unas medias blancas de encaje que llegaban hasta medio muslo y un par de sandalias stilletto transparentes con tacones de unos 13 cm. Y quiero decirle ama, con su permiso, que estoy contenta con mi nueva condición y que me esmerare por hacer todo al pie de la letra. |