A mí me ha gustado mucho. Yo me desplacé un poco hacia su lado, para estar más cómodo. Insidiosos impulsos asaltaban mi miente y os juro que me costó verdadero esfuerzo no abalanzarme sobre sus esculturales nalgas y morderlas con ganas, así de buena estaba. A buen entendedor, pocas palabras bastan, así que Nuria, ni corta ni perezosa, deslizó una pierna a un lado de la cabeza de Natalia, apoyando la rodilla en el asiento y dejando el otro pié apoyado en el suelo. Con habilidad, desplacé el asiento del pasajero todo lo que pude hacia delante e incliné el respaldo hasta que el cabecero tocó el tablier del coche. Por lo que he escuchado, tus padres no están, pero los tuyos – dije refiriéndome a Jamona – sí. |