Uy, qué torpe dije mientras dejaba el zumo en la mesa y buscaba con qué limpiarme. Me acostumbré a llevar una tanga de repuesto en el bolso porque se me humedecían durante las horas de oficina y necesitaba cambiarme. Saludaba a todos con una sonrisa mientras les veía acariciarme con la mirada. Me recosté en su escritorio, con mis pezones a escasos veinte centímetros de su mirada y le hice cuatro preguntas sobre los contratos. Y cada vez que iba a la copiadora de color…Recuerdo un día en especial, pero fueron muchos los días. Aquello me excitaba, me excitaba saberlos encelados conmigo, deseándome y yo inaccesible, coquetear y excitarlos pero sin llegar a más. |