No era la primera vez que me lo montaba en un coche (mi Julia y yo éramos bastante ardientes en nuestros tiempos), así que no me faltaba práctica. Porque ya era tarde y tú tenías ganas de irte ya para casa, si no te juro que me lo llevo al baño y se la como entera. En mi mente, podía sentir la mirada de la chica clavada en mi espalda, al acecho, esperando que su presa cayera en la tentación de volver a espiarlas para montarle un cristo de cojones. No ha estado mal… respondió ella sonriente – Cabronazo. Sin mediar palabra, empujé a Nuri, que dio un gritito de sorpresa, obligándola a tumbarse sobre el respaldo del asiento del pasajero. En los primeros instantes me concentré en la conducción, más que nada porque en aquella zona, con el montón de niñatos borrachos que había, tenía uno que andarse con cien ojos, no fuera a ser que alguno se cruzara delante del coche. |