La tía me estaba comiendo con los ojos las pupilas levemente dilatadas, un ligero rubor casi inapreciable bajo el maquillaje, un tic en el párpado izquierdo cada vez que intuía un roce de mi pierna, algún mordisquito al labio inferior y la presión que ejercían sus muslos sobre la rodilla que ya había logrado introducir por la raja delantera de su falda, eran todas señales inequívocas de que estaba a punto de caramelo. Decía, que la prueba del mostrador me da una idea aproximada de las reacciones que puedo esperar por parte de la clienta. De ahí que nos presentemos como Lydia vs Masu, porque esta historia no surge de la complicidad,. Algunas, antes. En resumen, que tras dar los tres pasos que había desde la puerta a la ducha, tenía ya la polla apuntando al objetivo. Sra. |