ˇEspera!. Dijo él Entremos en el probadorAllí dentro el sonido de sus respiraciones agitadas reverberaba como lo hacían las imágenes de ellos dos al multiplicarse en los espejos. Con un gemido casi inaudible, Helena se volvió de golpe buscando con frenesí su boca. Necesito sentirte dentro, muy adentro. Y fue en ese preciso momento cuando esos centímetros de turgente virilidad se abrieron paso arrinconando sus quejidos hacia el fondo de la vagina. Sus cuerpos se acoplaron perfectamente en una endemoniada danza que los aislaba de lo que no fuera ellos mismos, las manos de Él aprisionando vigorosamente las nalgas de ella y atrayéndola hacia él en cada empuje, como si sintiera un miedo exacerbado a perderla ahora que la estaba poseyendo. |