Inclusive, creo que ya estoy mojada (risas)…—, dijo Andrea. Eso me daba un miedo increíble, y a la vez me excitaba hasta un punto que me da pena confesarlo. Ella volteó para yo pudiese ver la mercancía; se sonrió, giró hacia mi esposo y hundió la mano en su bragueta en un gesto que, analizándolo hoy día, resultó una especie de despedida; un ir cada una a sus asuntos. Yo sé que si, a la putica de Helena también le gusta. Era amplia y muy ornamentada, tenía una cama inmensa en el medio, un televisor de plasma a los pies del colchón y un closet ancho y con un sinnúmero de gavetas. Si se le veía la carita de zorrita gozona esa que tiene (risas). |