Pues me ha gustado que me acompañes a probarme vikinis afirmó ella mientras cortaba un poco de pan. Y efectivamente merició la pena. Entonces cogí su mano y la acerqué a mi pito posándola encima. Me corrí y esta vez no pude evitar echarle mis gotas de leche dentro, estaba tan caliente y húmedo que era una delicia hacerlo allí dentro. Es cierto que tenía algo de tripa pero no desentonaba para nada con el resto del conjunto. La dejé ir y me recompuse, poniendo la mejor de mis sonrisas y disimulando con una mano en el bolsillo salí a su encuentro. |