La saludé despidiéndome y ella me hizo un gesto con la mano pero sin dejar de reñir a la pobre esclava nubia que lloraba arrodillada a sus pies. A Sheritra la había cuidado con igual cariño Disenk, es más, la había amamantado con la leche de sus pechos, y sin embargo no pestañeaba lo más mínimo si veía a su madre azotarla. El plantón de Tajura, la obsesiva presencia de Disenk, las pullas de mi madre y sobre todo las de mi hermana. Mi hermana, si llegaba a casa y su esclava no estaba esperándola montaba en cólera. Ahora gobierna la mujer pero el varón no es su esclavo, sencillamente se le somete porque sabe que es superior y por que ella es la perpetuadora de la especie. El cuerpo cubierto de sudor. |