No hay de que Inés, sabes que tú eres mi niña. Yo estaba estudiando lo mismo en lo que ella trabajaba, por lo que si de por sí podíamos hablar durante horas, eso aumentaba el tiempo. En cuanto acabe de ducharme salí, me despedí de todas, le volví a dar las gracias a Sara que me sonreía con dulzura, era como una amiga más. Desperté a la mañana siguiente con una leve resaca, me di una ducha, me vestí de manera cómoda, comí y le dejé algo de comer a mi madre, me fui a su cuarto y me tiré en su cama:¡y la niña! gritó tapándose la cara con la almohada. Mira Sara, no se si fue el alcohol, la juventud, el ambiente, pero me puse como una moto. Buena idea me levanté un poco inquieta, sin duda me encantaba, pero me acordé de que debía darle las gracias. |