Estaba sedienta de sexo. Gracias. Seguí acariciando y cuando creí que ya estaba convenientemente estimulada, acerqué mi falso sexo al suyo y la penetré despacio. Por el pasillo que nos llevaba a la susodicha biblioteca, Bárbara me preguntó:¿Estás nerviosa?Sí, un poco – le respondí. Obedecí sin preguntar nada, me puse el dildo y luego Barbie lo embadurnó con un poco de vaselina. Ante aquella confesión no sabía que hacer, aunque tenía claro que Barbara era mi amiga por encima de todo y que no podía negar que aquella experiencia había sido una de las mejores de mi vida y que haberla compartido con ella era lo mejor que podía pasarme. |