Conseguí que los informáticos me dieran acceso a todas las agendas y así poder chequear citas e incluirlas en sus agendas electrónicas automáticamente. Entonces repetí mi operación, me levanté, le entregué la impresión de su agenda de la semana y me recosté en su mesa mientras le enseñaba cómo chequear su agenda compartida y cómo aceptar y rechazar citas y cómo aparecía en el PC y en su Blackberry. Y allí llegó mi perdición, porque cuando me caliento no me controlo y me encanta excitar. A la entrada había una mesa vacía con ordenador y papeles encima, supuse que sería para la secretaria, pero no parecía ocupada, sino sólo con papeles esparcidos. Soy una buena profesional, pero nadie me permitía demostrarlo! Al fin alguien me puso un ordenador delante y me pidió que hiciera una carta, que la archivara o enviara por mail,… en fin, alguna tarea mínima donde poder demostrar que podía ser útil en una oficina. El se quedó mirando mis labios de un rojo ardiente mientras yo concentraba mi mirada en sus ojos. |