Perfecto, vamos para allá pues. Al entrar en la biblioteca me llevó de la mano hasta un sofá que había, frente a él había una mesa de despacho, tras la cual se sentó Javi. Su boca se hundió, entonces en mi sexo, y sentí esa caliente y húmeda sensación sobre mi sexo. Pasad, chicos. Barbie, que parecía más desenvuelta que yo, me hizo sentar en el sofá, se arrodilló ante mí, separó mis piernas y tras subirme la falda del vestido hasta la cintura, sentí como acariciaba mi sexo por encima de las braguitas. Se puso sobre mí, con sus piernas entre las mías y su polla rozando mi sexo. |