No pude más y me rendí hasta quedar dormida con él encima. Fui hacia la cocina tratando a la vez de mantener el equilibrio y de caminar como una chica, una pierna delante de la otra. Habíamos llegado muy lejos. ¿Nada de qué?Pues nada de nada. Como rara vez se consumía agua mineral en la casa, estos refrescos estaban hasta el fondo del mueble y para sacarlos tuve que estirar las manos y para mantener el equilibrio en zapatillas, levantar un poco la cadera. ¡Salud, ese!¡Pues salud! – y bebimos una cuba más, platicando del futbol, de la música, de las batallas por el barrio; hasta que, pasados unos minutos, él regresó a lo mismo. |