Pensé en el cesto de la ropa sucia, pero no había nada. Para nada. Las imaginé en la cama con un consolador, dándose placer mutuamente y mi erección empezó a ser evidente. En general aparentaba mucha menos edad de la que realmente tenía. No te preocupes, me dijo – si otra vez te necesito, te llamaré… me volví para iniciar mi camino de descenso por la escalera cuando su mano me cogió por el brazo. Tras descansar un poco, decidí hacer una copia de aquel disco y devolví la copia de mi madre a su lugar. |